Lo que ha logrado la Copa Mundial de la FIFA 2026 no lo pudo un discurso pacífico, un mensaje político o la religión, ha sido una pacificación, un paréntesis que ha conseguido neutralizar -por un breve espacio sobre todo cuando juega la selección de México- la polarización social, aseguró el académico de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, Hugo Luis Sánchez Gudiño.
Es decir, anular temporalmente esta disputa entre distintas tendencias ideológicas y políticas. Posibilitó contrarrestar esa “guerra” entre un sector de clase media alta y otro mayoritariamente popular, añadió.
En estos partidos de futbol se han hermanado, hubo fraternidad de clases sociales. Entonces, sí, es un fenómeno de entretenimiento, de cultura de masas, pero también un termómetro social que ha alcanzado identidad y unidad nacional.
Empero, el doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional alertó que ello es temporal, es decir, mientras duren los triunfos y más o menos el éxito, pues en el momento en que se conviertan en derrotas entonces veremos el efecto contrario.
Cuando el equipo fracasa o pierde, la gran masa de afición también sale a las calles, pero no a festejar, sino a reclamar, enardecida. Ese enojo social lo traduce en violencia, tanto vandálica como en los famosos gritos homofóbicos.


