Corrupción y agandalle, las revelaciones sobre Félix Salgado Macedonio

Felix Salgado Macedonio en la Cámara de Diputados

Ciudad de México, 12 abril.-A lo largo de su trayectoria política, Félix Salgado Macedonio, el candidato impugnado del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) al gobierno de Guerrero, ha usado mecanismos como la corrupción, el robo, el agandalle y la farsa.

Su perfil personal y político, como legislador y alcalde de Acapulco, fue descrito por su colaborador y simpatizante, Eduardo Evaristo Longares, en el libro El gran farsante. La farsa política de Félix Salgado Macedonio… vivida desde la entraña misma.

“Esa es la política que siempre criticó y –como ironía- siempre ha practicado y utilizado: la corrupción, el robo, el agandalle, el trapecismo, la farsa, la mentira, son defectos propios de Félix.

“Es el perfecto farsante que, como vil padrote, nos explotaba y utilizaba para su beneficio personal”, es la forma como lo describió el autor en su texto.

Eduardo Evaristo Longares
Eduardo Evaristo Longares, autor del libro «El gran farsante. La farsa política de Félix Salgado Macedonio… vivida desde la entraña misma».

Evaristo Longares era un empresario transportista antes de sumarse al equipo político de Salgado Macedonio, quien prácticamente quedó en la quiebra, por gastar sus recursos para apoyar las candidaturas del llamado Toro sin cerca, en dos ocasiones a la gubernatura y para la alcaldía de Acapulco.

Actualmente, está reportado como desaparecido desde el 25 de diciembre de 2013, sin que ninguna autoridad haya reportado algún avance en los trabajos para su localización.

En El gran farsante… Evaristo Longares describe la modesta incursión de Salgado Macedonio en la política estatal de Guerrero, en donde hacía campaña a favor del PRD, a bordo de una motocicleta y con una bocina de trompeta.

El autor narró en su texto que, en 1988, cuando Salgado Macedonio fue candidato del PRD a diputado federal, resultó ganador el candidato del PRI Filiberto Vigueras, enemigo político del gobernador José Francisco Ruiz Massieu.

Sin embargo, el entonces perredista fue utilizado por el gobernador, ya “una voz anónima”, llamó a Salgado para explicarle con detalle el punto en donde había boletas electorales quemadas, con votos a su favor, prueba del fraude en su contra.

Salgado logró entrar a la Cámara de Diputados para subir a la tribuna y mostrar la evidencia, lo que le permitió llegar a la curul, y en donde se le comenzó a llamar el diputado costales.

De esta forma, Salgado logra entrar a la Cámara de Diputados para subir a la tribuna y mostrar la evidencia, lo que le permitió llegar a la curul, y en donde se le comenzó a llamar “el diputado costales”.

Candidato a gobernador

Antes de este tercer intento por llegar la gubernatura de Guerrero, Salgado Macedonio fue contendiente por el PRD, en contra de los priistas Rubén Figueroa Alcocer y René Juárez Cisneros, en donde el autor detectó manejos irregulares en los recursos.

Particularmente, en la segunda oportunidad, el autor explica que en una ocasión vio cuando el entonces presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador, le había mandado una maleta con fajos de billetes de 200 pesos, para la campaña.

“Félix afirmó que los había metido al banco para devolverlos, pero en realidad se quedó con ellos”, escribió.

Detalló que en esa ocasión se acercó al candidato para pedirle dinero para cubrir sus gastos y deudas de la campaña, sin embargo Félix le respondió que ese dinero no se iba a tocar, porque no iba a dejar que el presidente del PRD le impusiera a la gente de su gabinete.

“Así son las mañozadas de este infeliz. El dinero, como perdió, se lo chingó”, afirmó Evaristo.

El autor también narra que en 1994, cuando Salgado Macedonio llegó al Senado por primera ocasión, cambió su personalidad, para comenzar a usar ropa, chamarra y pantalones de piel, y trasportarse en motocicletas Harley Davidson; y hacerse llamar el Toro sin cerca, pero sus compañeros legisladores le dicen El Toro sin Tuercas.

“Todos llegaban a la Condesa, lugar tan criticado y tan frecuentado por Félix Salgado, alias el Toro sin Tuercas, donde se ponía sus borracheras, y cerraban toda esa área de la Condesa ya que el que se andaba divirtiendo era el senador Félix y por este hecho era intocable; ninguna autoridad se atrevía a llamarle la atención”, narró Evaristo.

Criticas a AMLO

Hasta la época de Salgado Macedonio como alcalde de Acapulco, en el periodo 2005-2008, el autor del libro narra que en dos ocasiones el funcionario había realizado críticas, al ahora presidente, López Obrador.

La primera cuando permitió el ingreso del expriista de la entidad al PRD, con el objetivo de ganar campañas, haciendo a un lado a los líderes locales.

“Son los mismos, los mismos bandidos, los mismos corruptos, cierto o no compañeros? Ahí está Ángel Aguirre, Rubén Figueroa, Héctor Astudillo, Héctor Vicario y otros, son los trapecistas políticos, rateros, corruptos bandidos priistas que nos gobiernan”, se refería Salgado Macedonio.

La segunda ocasión fue para la selección del candidato perredista que contendría contra Juárez Cisneros, ya que López Obrador pretendía apoyar a un empresario local.

“Evaristo, hazte declaraciones en contra de Andrés Manuel López Obrador; él es el interesado en que el refresquero Jaime Castrejón Diez sea el candidato. No es posible que el partido lo estén llenando de priistas”, detalló el autor.

Casos de abuso

Sobre el comportamiento de Salgado Macedonio hacia las mujeres, Evaristo Longares narra dos pasajes, el primero durante la Marcha del Éxodo, cuando se protestaba contra el triunfo de Juárez Cisneros, en donde caminaba por las tiendas de campaña en busca de “carne fresca”.

En la campaña a la gubernatura de 1999 se realizó un evento en una colonia de la periferia de Acapulco, a donde llegó una familia con una menor de 16 años con sus hermanos.

“Desgraciadamente, el lobo llamado Félix Salgado Macedonio le estaba echando los ojos, y la acechaba para comérsela. Y no tardó mucho tiempo.

“Un día, llegué temprano a la casa de Félix en la Col. Marroquín; como era de confianza entré y le grité diciéndole: “Félix ya estoy aquí; desde arriba él me contestó: “ahorita bajo”. A los pocos minutos, bajó Verónica vestida de blanco como las enfermeras y se fue”, así lo narró el autor en su libro.

Publicado originalmente por Excélsior

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