Enfrentar insolvencia de pymes con inyecciones de cuasicapital

Enfrentar insolvencia de pymes con inyecciones de cuasicapital

En la práctica, los países con un espacio fiscal adecuado, transparencia y rendición de cuentas podrían considerar inyecciones de cuasicapital en las pequeñas y medianas empresas (pymes), ante la crisis por la pandemia, informó el Fondo Monetario Internacional (FMI)

De hecho, varios ya están explorando activamente esta opción, especialmente en Europa. Un enfoque consiste en que los gobiernos otorguen “préstamos de participación en los beneficios” mediante préstamos nuevos o conversión de los existentes. Estos préstamos serían inferiores a todos los demás reclamos de deuda existentes y su liquidación podría indexarse en parte a las ganancias de la empresa. Dirigirse a las empresas adecuadas, aquellas insolventes como resultado de la pandemia pero que tienen modelos comerciales viables, es muy difícil.

Por esta razón, los gobiernos podrían considerar condicionar su apoyo a que los inversores privados (como los bancos) inyecten capital, lo que permitiría al mercado asumir un papel de liderazgo en la identificación de una empresa como negocio viable. Francia, Italia e Irlanda han propuesto o promulgado políticas para incentivar a los inversores privados a aportar capital. El apoyo también podría escalonarse a lo largo del tiempo y los nuevos tramos se desplegarían solo cuando se disipe la incertidumbre de viabilidad.

Inyecciones de cuasicapital son más eficientes que los apoyos

Las inyecciones de cuasicapital específicas serían mucho más eficientes y poderosas que brindar apoyo a todas las empresas. Las inyecciones generales (generales) benefician a dos tipos de empresas que no deberían recibir apoyo de solvencia: las que no lo necesitan porque son solventes incluso en medio de la crisis, y las que habrían sido insolventes incluso sin la pandemia, que también resultan ser menos productivos.

A modo de ilustración, un programa de apoyo específico con un presupuesto de aproximadamente la mitad del por ciento del PIB total de los 20 países analizados podría traer de vuelta a más del 80 por ciento de las empresas adecuadas (viables pero actualmente insolventes) a un capital neto cero (una definición mínima de solvencia). Esto es más de cuatro veces más de lo que se lograría con un enfoque general que respaldara a todas las pequeñas y medianas empresas sin distinción.

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