Cada otoño, el cempasúchil pinta de naranja los campos, mercados y ofrendas de México. Pero sus pétalos no solo sirven para trazar los caminos que en las ofrendas guían las almas de las y los difuntos, también pueden convertirse en sopas, tés, jabones, velas aromáticas y hasta en repostería gourmet.
En la Ciudad de México, la siembra y cosecha de cempasúchil tiene un importante corazón productivo en las alcaldías de Tláhuac y Xochimilco. Esta última concentra el 80 por ciento de la superficie dedicada al cultivo de la flor de veinte pétalos.
En esta actividad productiva, de acuerdo con datos de la Oficina de Representación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (AGRICULTURA) en la Ciudad de México, participan 700 agricultoras y agricultores.
Se estima que las actividades relacionadas al cultivo de cempasúchil generan más de mil 500 empleos directos y 2 mil indirectos, lo que refleja la importancia económica de la floricultura para las comunidades productoras de la Ciudad de México.

