El mestizaje culinario ha permitido que ingredientes —de orígenes remotos— se hayan integrado a los platillos tradicionales de nuestro país, y uno de los ejemplos más claros lo tenemos con el delicioso y nutritivo ajonjolí.
Esta semilla se obtiene de la planta Sesamum indicum o sésamo, que es pequeña y de color pajizo, dorado o negro. Originaria de la India y África, es una de las plantas oleaginosas más antiguas.
El ajonjolí es utilizado en la panadería y repostería para la elaboración de panes, galletas y confitería. En la cocina mexicana se ha integrado de manera importante al grado de convertirse en parte fundamental de platillos representativos, como el mole, y aparece frecuentemente en la comida de fusión asiática-mexicana.
El ajonjolí se puede consumir en ensaladas, aderezos, arroces, pastas, salsas, licuados frutales y yogurt. También se utiliza para elaborar sales y aceites para cocinar y dar sabor a los platillos.
Además, esta oleaginosa cuenta con abundantes propiedades nutricionales, pues aporta al organismo calcio, hierro, magnesio, zinc, Omega-3, Omega-6, proteínas y antioxidantes.
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