Mario Manzano ha pasado la vida fotografiando paisajes hechos de colores que nunca ha podido ver.
Es daltónico: no distingue bien los verdes ni los azules. El semáforo verde para él es una luz blanca que dice “avanza”, y una flor roja, cuando crece entre hojas, puede desaparecer a su vista.
Durante años creyó que esa manera distinta de ver era una desventaja, pero ahora se ha convertido en su sello como fotógrafo, una mirada que no depende del color, sino de las luces y las sombras.
Mario es capaz de ver cosas que casi nadie más percibe. Ve cómo la luz se posa sobre una hoja seca o cómo una sombra se estira sobre la arena.
Y aunque ha tomado fotos toda la vida, hace poco, a sus 65 años, recién jubilado como profesor del Tecnológico de Monterrey ha decidido dedicarse de lleno a la fotografía.
Mientras la fotografía contemporánea de naturaleza persigue el azul perfecto del cielo o el rojo más intenso, Mario trabaja en blanco y negro.
“El famoso verde yo nunca lo he visto, yo veo blanco”.
De niño iba a la mercería por un hilo rojo o gris y siempre regresaba con el equivocado.
En el campo, las flores se le perdían entre el follaje. En la escuela no podía seguir las claves de color de los libros de botánica.
Hasta que una maestra, en la preparatoria, le dio un nombre a lo que le pasaba.
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