En México, el debate sobre vivienda social comienza a cambiar de enfoque. Más allá de construir rápido y entregar miles de unidades en el menor tiempo posible, especialistas del sector inmobiliario y de la construcción advierten que el verdadero reto está en desarrollar viviendas capaces de conservar su valor, funcionalidad y calidad urbana con el paso de los años.
La discusión surge en un momento en que el país vive una nueva etapa de expansión habitacional impulsada por gobiernos, organismos financieros y desarrolladores privados. Sin embargo, también revive una preocupación que marcó ciclos anteriores de vivienda social: el deterioro prematuro de muchos conjuntos habitacionales y la pérdida de plusvalía pocos años después de haber sido entregados.
Ante este escenario, materiales de construcción asociados con durabilidad, menor mantenimiento y mejor desempeño climático comienzan a recuperar protagonismo en los proyectos residenciales, particularmente el ladrillo de mampostería.
“La vivienda social no debería medirse únicamente por la velocidad con la que se entrega, sino por la calidad de vida que puede ofrecer durante décadas. El ladrillo estructural aporta durabilidad, confort térmico y una imagen urbana que envejece mejor con el tiempo, factores que terminan generando mayor valor para las familias y para las ciudades”, señala Juan Antonio Vazquez, director técnico de Novaceramic.
Fuente: realestatemarket.com.mx
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